Parecía una broma de mal gusto o una escena sacada de una película de ciencia ficción, pero no. Mientras muchos santiaguinos buscaban sombra para capear el calor de este febrero de 2026, el cielo decidió desplomarse sobre el sector poniente de la capital. Lo que vivimos este sábado no fue una «lluvia veraniega» cualquiera; fue un núcleo frío en altura que castigó la Región Metropolitana con una violencia que nadie, ni los meteorólogos más expertos, pudo anticipar.
A falta de 329 días para que termine el año, la naturaleza nos recordó lo vulnerables que somos. En apenas 30 minutos, cayeron entre 30 y 40 mm de agua, una cifra que haría colapsar a cualquier ciudad del mundo, pero que en nuestro Santiago —acostumbrado a la sequía y al pavimento ardiente en estas fechas— provocó un caos absoluto.
El epicentro de la tragedia: Maipú y el sector poniente
Las imágenes que inundaron las redes sociales al principio parecían generadas por IA. Era difícil creer que los autos flotando en Camino a Melipilla fueran reales. Pero el barro y la angustia de los vecinos confirmaron la pesadilla. El Canal Santa Marta, ese viejo conocido de las emergencias, no aguantó y se desbordó, cortando accesos vitales como los de Ciudad Satélite.
Miguel Muñoz, experto en la zona, fue claro: «No hay sistema de aguas lluvias que resista tal cantidad de agua en tan poco tiempo». Y los números le dan la razón. En sectores como Tres Poniente y Los Conquistadores, el agua simplemente no tenía dónde ir.
La oscuridad tras la tormenta
No solo fue el agua. El viento y los granizos cortaron de raíz el suministro eléctrico en las zonas más rurales. La Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) reportó que los sectores periféricos fueron los más golpeados:
- Padre Hurtado: 7.340 clientes sin luz.
- El Monte: 4.103 hogares a oscuras.
- Calera de Tango: 3.708 servicios interrumpidos.
Voces de una tarde demoledora
El impacto emocional es, quizás, lo más difícil de digerir. El alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, no ocultó su desazón ante una tragedia que calificó como «un tsunami que arrasó con todo».
Tomás Vodanovic (Alcalde de Maipú): «Es una situación crítica y demoledora. Pasó en 20 minutos. La gente estaba compartiendo en familia, empezaron a reírse por los granizos y, de pronto, tenían un metro y medio de agua dentro de sus casas. Se perdió todo: muebles, autos, fuentes de trabajo y, lo más triste, mascotas».
El jefe comunal comparó los efectos con los de un terremoto o un incendio de gran magnitud, señalando que son más de 700 familias damnificadas que hoy intentan sacar el sedimento de lo que alguna vez fueron sus hogares.
Un Estado que debe despertar
La reflexión final es amarga. Este fenómeno, aunque inusual para un mes de febrero, nos pone de frente a la realidad del cambio climático. Como bien dijo Vodanovic, estas situaciones «se van a repetir» y la respuesta del Estado y de Senapred no puede seguir basándose en antecedentes de hace 20 años. Chile cambió, el clima cambió, y nuestras ciudades parecen estar quedándose atrás.
Hoy toca aplicar las fichas FIBE, limpiar el barro y tener paciencia. Pero, sobre todo, toca preguntarse: ¿Estamos preparados para el próximo «capricho» del cielo?
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