La «instalación» del Gobierno ha cobrado sus primeras víctimas políticas de manera prematura. Apenas 69 días alcanzaron a registrar en sus cargos las ahora exministras Mara Sedini (Vocería) y Trinidad Steinert (Seguridad). Cercadas por flancos abiertos, severas caídas en las encuestas y una evidente falta de diseño, ambas fueron removidas en el primer ajuste ministerial de la administración de José Antonio Kast.
Para intentar contener la crisis de gestión, el Ejecutivo optó por el enroque y la fórmula de los biministerios:
- Claudio Alvarado asume la conducción política desde el Ministerio del Interior, manteniendo además la Vocería de Gobierno (Biministro).
- Martín Arrau deja el Ministerio de Obras Públicas (MOP) para tomar la golpeada cartera de Seguridad.
- Juan Carlos de la Grange asume como Biministro de Transportes y MOP.
Mara Sedini: Crónica de una vocería asediada por los errores
La gestión de Mara Sedini en la Segegob se transformó rápidamente en un dolor de cabeza comunicacional para La Moneda. Su salida se gatilló tras una acumulación de traspiés que minaron la credibilidad del relato oficial:
- El «error» de Steinert: Reveló públicamente que el Presidente Kast mantuvo conversaciones con Trinidad Steinert para ofrecerle el ministerio mientras ella aún era fiscal activa del Ministerio Público, gatillando cuestionamientos éticos e institucionales.
- La crisis del «Estado Quebrado»: Fue la mentora de la campaña que afirmaba que las arcas fiscales chilenas estaban en bancarrota. La gráfica debió ser bajada de redes sociales y costó un oficio de la Contraloría. El propio Kast tuvo que salir a reconocer que el mensaje fue un error.
- Fallas administrativas y de control: Desde polémicas menores pero virales como minutas con errores ortográficos groseros («suspecion dell IVA»), hasta el confuso manejo del almuerzo de Kast con sus excompañeros de colegio, donde Sedini aseguró que el Mandatario pagaría de su bolsillo, para que luego el Presidente la contradijera admitiendo que el evento fue un error corporativo.
Trinidad Steinert: Una gestión sin brújula en Seguridad
La salida de la exfiscal Steinert de la cartera de Seguridad no sorprendió al mundo político. Su paso por el gabinete estuvo marcado por la ausencia total de una estrategia formal para abordar la principal preocupación de la ciudadanía:
- Paupérrima presentación en el Congreso: Su asistencia a las comisiones legislativas dejó en evidencia la falta de un plan concreto o una planificación estructurada en seguridad, perdiendo rápidamente el respeto de los parlamentarios, incluso los oficialistas.
- El bumerán de la PDI: Su gestión quedó fuertemente golpeada tras la polémica remoción de la prefecta general de la Policía de Investigaciones, Consuelo Peña, una salida resentida en la interna de las policías y catalogada como un movimiento forzado e injustificado.
Un golpe de realidad para La Moneda
Este ajuste express deja en evidencia tres realidades que el Ejecutivo ya no puede ocultar:
- Un escenario fuera de libreto: Este cambio de gabinete a tan solo dos meses de asumir fue un golpe de timón forzado que el Presidente Kast jamás esperó tener que realizar tan temprano en su mandato. La realidad pulverizó la planificación inicial de La Moneda.
- Adiós a la «excelencia»: La promesa de campaña de un «gobierno de excelencia», compuesto por los técnicos más preparados, no ha sido tal. Los errores ortográficos, las minutas desmentidas y la improvisación política terminaron por pasarle la cuenta al núcleo de confianza del Mandatario.
- La gran omisión de campaña: El fugaz y errático paso de Steinert confirma el peor temor de la ciudadanía: nunca existió un plan real de seguridad. La gran bandera de lucha de la campaña de Kast demostró no tener sustento técnico ni legislativo una vez llegados al poder, configurando una abierta desconexión entre lo prometido a los votantes y lo ejecutado.
Con este diseño de emergencia basado en biministerios, el Gobierno intenta frenar una crisis de proporciones. El problema es que el margen de maniobra se agota rápido, las reformas clave están congeladas y la paciencia ciudadana está en mínimos históricos.
El tiempo apremia en Palacio: la cuenta regresiva no se detiene y aún quedan 1.390 días de gobierno por delante.
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